Mostrando entradas con la etiqueta Curiosidades. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Curiosidades. Mostrar todas las entradas

10 RAZONES CIENTIFICAS POR LAS QUE EL TEATRO ES BUENO PARA LA SALUD

El teatro es una buena manera de entretenerse, un plan perfecto para una primera cita, nos sirve para defender o criticar aquello que pasa en la sociedad, y lo utilizamos como vía de escape frente a los agobios diarios. 
¿Pero sabían que se ha demostrado científicamente que el teatro tiene efectos beneficiosos para la salud?

La Organización Mundial de la Salud define esta como un estado completo de bienestar físico, mental y social, más allá de la mera ausencia de enfermedad. Y según los últimos estudios, la asistencia a espectáculos es clave a la hora de conseguir una “mens sana in corpore sano”. Os contamos por qué ir al teatro no solo os hará vivir mejor, sino también durante más tiempo.

 1. La risa es un buen ejercicio y reduce el dolor


Es bien sabido que utilizamos más de 400 músculos cuando nos reímos, abdominales incluidos. Según algunos estudios, reírse durante 20 segundos tiene el mismo efecto sobre la salud que hacer tres minutos seguidos de un ejercicio aeróbico (como correr o montar en bicicleta). Así que que asistir a  una obra de teatro cómica nos puede ahorrar horas en el gimnasio y también en la consulta del médico.
Al reír, el cuerpo libera endorfinas y serotonina, sustancias producidas por las células del sistema nervioso central, que ayudan a reducir el dolor, de hecho, las endorfinas reciben el nombre de “péptido opioide” porque ¡tienen el mismo poder analgésico que los derivados del opio!.
Asimismo, Robert McGrath, psicólogo clínico en la Universidad de Wisconsin-Madison, asegura que la risa y el humor reducen los niveles de estrés: reírnos implica la acción de la adrenalina y también de la dopamina, una sustancia asociada con el sistema de placer del cerebro, y que también está presente en otras actividades agradables como la alimentación o el sexo.

 2. El desahogo de llorar vale más que la angustia que lo provoca

Solemos asociar el llanto a sensaciones negativas, y con razón: normalmente son las malas noticias las que nos hacen llorar y esto hace que aumente el ritmo cardíaco, que sudemos y que tengamos sensación de ahogo.
Sin embargo, los estudios de laboratorio realizados para el ensayo Cry Me A River: The Psychology Of Crying, publicado en Science Daily, demostraron que los efectos calmantes del llanto (los que experimentamos cuando ya ha pasado la angustia inicial) duran más a nivel corporal que los focos de estrés.
Así pues, aunque un personaje nos tenga en vilo, merece la pena acompañarle en su sufrimiento. El llanto libera adrenalina y noradrenalina y tras la función nos quedará una agradable sensación de desahogo.

3. El teatro es más efectivo para mejorar la memoria que el pescado y las pasas

¿A menudo se les olvida dónde han puesto las llaves? ¿O el nombre de alguien que les  presentaron hace poco? ¿No son capaces de recordar el título de la última película que vieron? El teatro puede mejorar la memoria de una manera más efectiva que otras técnicas, vitaminas incluidas.
Así lo demostraron Helga y Tony Noice, del Elmhurst College.
En 2009 realizaron un estudio donde 122 personas de edad avanzada tuvieron un primer contacto con el teatro durante ocho sesiones, que se desarrollaron a lo largo de cuatro semanas. Aprovecharon además el estudio para comparar el teatro con diferentes prácticas mnemotécnicas.
En tan poco tiempo, los investigadores pudieron comprobar una mejoría en todas las habilidades cognitivo-afectivas de los participantes: había mejorado su actitud al hablar, eran capaces de encontrar las palabras para expresar sus sentimientos con mayor facilidad, y su memoria había mejorado de forma evidente, y con mayor efectividad que otras técnicas comunes, como los regímenes vitamínicos.

4. Te ayuda con las matemáticas

El teatro juega con la imaginación del espectador y con lo que podemos intuir pero no ver, lo que incrementa su sensibilidad hacia lo conceptual. Esto predispone al cerebro a la hora de comprender los razonamientos abstractos que se emplean en el aprendizaje de las ciencias formales, es decir, aquellas que trabajan con objetos creados por el hombre, y que existen solo en su mente (como por ejemplo, los números).

5. Frena el envejecimiento patológico

Hablamos de envejecimiento patológico para referirnos a los cambios que se producen en una persona no solo por el simple hecho de hacerse mayor, sino como consecuencia de enfermedades, malos hábitos, etc., (por ejemplo las cataratas, el Alzheimer…).
Este “envejecimiento acelerado” puede a veces prevenirse e incluso ser reversible, y uno de los tratamientos para ello es la terapia teatral. Está demostrado que las actividades artísticas, especialmente aquellas que se hacen en grupo, frenan el envejecimiento patológico.

6. Favorece la empatía

La palabra “empatía” viene del griego “empatheia”, que significa “sentir dentro”, y hace referencia a la capacidad que tenemos de entender las emociones de otra persona. En esto tiene mucho que ver el neurocientífico italiano Giacomo Rizzolatti, quien en la década de los ’90, descubrió la existencia en el cerebro de las “neuronas espejo”, que son las responsables de la comprensión de los estados emocionales ajenos.
Consisten en sistemas de neuronas que se activan cuando se ejecuta una acción, pero también cuando observamos a otro individuo llevar esa misma acción a cabo. Es decir, cuando vemos que alguien está triste, las neuronas espejo activan en nuestro cerebro un estado emocional parecido al que experimentamos cuando nosotros mismos estamos tristes. Así podemos ponernos en el lugar de la otra persona y comprender cómo se siente.
De la misma forma, y aunque la historia de una obra de teatro forme parte de la ficción, nos alegramos cuando un personaje consigue sus objetivos, y nos entristecemos cuando fracasa. En esto consiste la empatía, clave de la inteligencia emocional.

7. Las actividades artísticas previenen los resfriados

Llega el invierno y nos ponemos a beber zumo de limon como locos. Pero más allá de la vitamina C, podemos prevenir los resfriados yendo al teatro.
Un estudio británico evidenció en 2003 que participar en actividades artísticas (ya sea como espectador o como creador) mejoraba el ánimo y tenía sorprendentes impactos positivos en diversos parámetros psicológicos.
Sus conclusiones sirvieron de base a los autores de un ensayo publicado en la revista Psychological Science, quienes estudiaron la relación entre las emociones positivas y el tono vagal (un índice que mide la actividad del nervio vago, y que está relacionado con la frecuencia cardíaca y la energía que tenemos en cada momento). Este estudio sugiere que las emociones positivas y la salud puramente física se influyen mutuamente, creando una espiral creciente de optimismo y bienestar físico.
Más aún, existen estudios que señalan una relación directa entre el arte (como medio para experimentar emociones positivas) y sus beneficios a largo plazo: previene los resfriados (según un estudio del Dr. Cohen y su equipo, en 2006), reduce la inflamación (según Steptoe, O’Donnell, Badrick, Kumari & Marmot, 2007) y protege contra las enfermedades cardiovasculares (Boehm & Kubzansky, 2012).

8. Ir al teatro en grupo alarga la vida como puede hacerlo el dejar de fumar

Hay mucha bibliografía que muestra que tener relaciones sólidas augura una vida más longeva. Recientemente, se ha llevado a cabo un análisis de más de 148 estudios (practicados en más de 300.000 personas en total), que concluyó que la integración social era un factor tan importante a la hora de evaluar la esperanza de vida de una persona, como el tabaco, la obesidad, el consumo excesivo de alcohol o el ejercicio físico realizado.
Más aún, hay experimentos que muestran que cuando estamos en un grupo con el que compartimos intereses (ya sean el teatro u otros), se activa el tono vagal por medio de la oxitocina, una hormona que también actúa como neurotransmisora en el cerebro, y a la que comúnmente se llama “la molécula del amor”, ya que liberamos esta hormona, entre otros casos, cuando tenemos relaciones sexuales.

9. Hacer teatro te ayuda a solucionar problemas

La revista Journal of Aging and Health publicó en 2004 un estudio en el que se comparaban varios grupos de personas que habían comenzado a tomar clases: uno de teatro, uno de pintura y un grupo que no hacía ninguna actividad artística.
Los participantes en el estudio se sometieron a pruebas de concentración, solución de problemas, etc., tanto antes como después de las clases, obteniendo una mejoría en la evaluación de su bienestar personal y en los tests de memoria. Lo más significativo fue, sin embargo, su evolución en el examen de “solución de problemas”.
El equipo investigador sostiene, a la vista de los resultados, que el teatro puede ser un buen entrenamiento cerebral que ayude a prevenir la pérdida de la agilidad mental que ocurre con la edad. Argumentan que esto es debido a que el teatro requiere atención continuada en la actividad que se está realizando, lo que a la larga nos hace estar mucho más presentes en el “aquí y ahora”.

10. La cultura puede ser la clave de la felicidad

La felicidad puede resultar difícil de encontrar, pero los psicólogos de la Norwegian University of Science and Technology (NTNU) nos dieron en 2011 una de sus claves. En su estudio, publicado en el Journal of Epidemiology & Community Health, demostraron que asistir a espectáculos teatrales o galerías de arte tiene efectos no solo sobre la buena salud, sino que afecta también a lo felices que nos sentimos. Los investigadores descubrieron que aquellos que participaban con mayor frecuencia en actividades culturales, tenían una mayor felicidad y mejor calidad de vida.
Por si fuera poco, los efectos parecen ser directamente proporcionales a la cantidad de veces que podamos asistir a un evento cultural. Según la NTNU, el 91% de aquellos que habían participado en cinco o más actividades culturales a lo largo de los seis meses que duró su estudio, dijo sentirse muy satisfecho con su vida.
Entre aquellos que habían asistido a tan solo una cita cultural, el porcentaje se reducía a un 84%.



Tomado del Blog: No me montes una escena.

LOS BOOTH

Hace poco, una amiga colgó una foto de Edwin T. Booth, un actor estadounidense del siglo diecinueve, en la que aparecía representando a Hamlet.
Eso me trajo a la memoria la historia de esta familia de actores la cual es interesante por las contradicciones y problemas que tuvieron.
Junius Brutus Booth nacido en Inglaterra en 1796 era hijo de un abogado londinense, quien trató que su hijo Junius ejerciera el oficio -o profesión- que a él le parecía conveniente para el muchacho. Así, Junius fue aprendiz en una imprenta, arquitecto, escultor, marinero y abogado, actividades que ninguna de las cuales terminó.
A los diecisiete años, asistió a una representación teatral y eso marcó el inicio de lo que sería su vida futura.
Hacia 1814, su talento para la actuación le hace ganar fama en Inglaterra y realiza numerosas giras dentro y fuera del país. En 1821, Junius huye con su amante a los Estados Unidos abandonando a su esposa y a un hijo pequeño. En poco menos de dos años, la fama de Junius como actor dramático abarcaba casi todo el país y se le consideraba uno de los más grandes actores de su época. Hacia 1831 ya era el director del Teatro Adelphi de Baltimore. Pero su alcoholismo iba ganando terreno y haciendo que su fama se viera opacada por sus constantes borracheras e irresponsabilidades, al punto de tener que mantenerlo encerrado antes de las funciones.


Junius Brutus Booth


Booth tuvo diez hijos de la relación con Marie Ann Holmes de los cuales tres se dedicaron, como su padre, al teatro materia de este artículo.
Después de una vida de más de treinta años de éxitos y problemas por su adicción al alcohol, Junius Booth muere en 1852 a bordo de un barco que navegaba por río de Nueva Orleans a Cincinnati, probablemente por beber agua del mismo río, la cual estaría contaminada.
Pero la vida azarosa de Junius, también alcanzó a tres de sus diez hijos.

Comencemos por Junius Jr.
Junius Brutus Booth Jr. nace el 22 de diciembre de 1821 y sigue los pasos de su padre en lo que a actuación se refiere, sin embargo, la crítica no le es favorable calificando sus actuaciones como mediocres y ensalzando a su hermano Edwin –quien era la estrella de la compañía- por lo que se dedica a la administración del Teatro de Boston donde actuaban ambos, allí conoce a la actriz australiana Marion Agnes Land Rookes, con quien se casa en 1867. Pronto Agnes alcanza gran notoriedad y su trabajo es continuamente alabado y lo que debería ser orgullo para Junius, se convierte en frustración al sentirse siempre opacado por su esposa.
Al ocurrir el asesinato de Lincoln, Junius es apresado en Washington D.C. y aunque ese día él había estado actuando en Cincinnati, fue recluido brevemente en la prisión de Old Capitol.
Junius Jr., fallece en 1883.
Junius Brutus Booth Jr.

El segundo hijo famoso de la dinastía Booth es Edwin Thomas, quien nace el 13 de noviembre de 1833 en Maryland.
Edwin empieza su carrera con el papel de Tressel en Ricardo III actuando con su padre, dos años después lo reemplaza como Ricardo con bastante éxito.
Después de la muerte de su padre en 1852, Edwin inicia una gira internacional la cual lo lleva a países lejanos como Australia, y de 1863 a 1867 dirigió el Winter Garden Theatre de Nueva York, en el cual el repertorio era básicamente obras de Shakespeare. En 1865 adquiere el Teatro Walnut Street en Filadelfia, pero un año antes, Edwin actúa por única vez con sus hermanos en la obra Julio César, en la que él interpreta a Bruto, Junius a Casio y John a Marco Antonio, aunque la obra fue ovacionada, nunca más volvieron a juntarse.

John, Edwin y Brutus Booth

Al morir asesinado Lincoln en 1865, la carrera de Edwin comienza a decaer, motivada por la asociación que hace la gente del apellido Booth, éste, se aparta de las tablas por un tiempo y reaparece al año siguiente en el papel de Hamlet que lo haría famoso hasta el día de su muerte. En 1867 se incendia el teatro Winter Garden y en 1869 termina la construcción del Teatro Booth actuando con notable éxito hasta su muerte en 1893, aunque en 1891 se retira haciendo una vez más el papel de Hamlet.

Edwin Booth.

El tercero y quizá más trágicamente famoso de los hermanos Booth fue John Wilkes Booth, nacido el 10 de Mayo de 1838 en Maryland, siendo el penúltimo de los hijos de Junius.
A los 16 años, John empieza a ver en el teatro una opción de vida, luego de dejar la escuela por falta de interés en los estudios regulares. Debuta a los 17 en el papel del Conde de Richmond en Ricardo III con tan mala fortuna que termina siendo pifiado por su deficiente actuación.
Este percance lo obliga a incorporarse a la Arch Street de Philadelphia donde figura como “J.B. Wilkes” a fin de evitar las comparaciones con sus hermanos y su padre, pero no mejora mucho y en una actuación en la obra Lucrecia Borgia, en lugar de presentarse a sí mismo diciendo: "Madame, soy Petruchio Pandolfo", balbuceó: "Madame, soy Pondolfio, Pet-Pedolfio Pat-Pantuchio, Ped…maldita sea, ¿quién soy yo?", haciendo que la audiencia riera a carcajadas.
Sin embargo no se amilanó y poco a poco fue mejorando, a tal punto que algunos críticos llaman a John Wilkes Booth "el hombre más guapo de América" y un "genio natural" señalando que él tuviera una "asombrosa memoria". A partir de 1860 inicia una gira por todo el país con notable éxito, sobre todo en obras románticas donde cautivaba a las espectadoras con su porte atlético y su voz suave y modulada.
Al estallar la guerra civil, John se suma a la causa del sur lo que ocasiona que los empresarios reaccionen contra él por traidor, repercutiendo eso en su carrera.
Sin embargo, no sólo la simpatía por la causa sureña le ocasionará conflictos, sino su abierta conspiración que termina cuando asesina al presidente Lincoln en plena función teatral el 14 de Abril de 1865.
El hombre que había superado su mediocridad inicial como actor, que había formado empresas de bienes raíces y de explotación petrolera con el dinero que ganó en el teatro, alcanza la fama como autor de un magnicidio.

John Wilkes Booth

Como vemos, la historia de la familia Booth estuvo siempre en manos de los vaivenes del destino, ya sea para bien –como en el caso de Edwin- o para mal como en el caso de John.

Y aquí cabe una anécdota final, cierto día Edwin Booth se encontraba en la estación de Jersey City esperando la salida del tren para Washington D.C. en medio de una aglomeración de pasajeros ansiosos por conseguir billete. Y he aquí que en medio de los empujones y gritos de la gente, uno de los presentes –producto del tumulto- pierde el equilibrio y cae entre el andén y el tren que en ese momento empezaba a avanzar unos metros adelante.
Pero no llegó a caer del todo, una mano lo coge del cuello del abrigo y lo jala hacia arriba evitándole una muerte segura en medio de las pesadas ruedas.
El hombre a punto de caer era el hijo del presidente de la república, el joven Robert Todd Lincoln, quien al sentirse salvado voltea para ver quien había sido el buen samaritano que evitó la tragedia.
El rostro de su salvador le era conocido: Edwin Booth, famoso actor en ese momento. Un abrazo selló el agradecimiento y ambos se retiraron por caminos diferentes.
Meses después el hermano del salvador del hijo de Lincoln –John Booth- asesinaría a su padre, el presidente.
Uno de los hermanos Booth salvó la vida del hijo de Lincoln y el otro lo asesinó.

A veces el destino actúa de forma inexplicable.

LO SE TODO

Conversabamos acerca de los programas cómicos en la televisión nacional y de los libretos tan carentes de originalidad motivados por la falta de buenos escritores o por la flojera de exprimirse el cerebro creando nuevos textos.
Y salió a colación uno que justamente esta semana en el programa “El especial del humor” han vuelto a usar nuestros “brillantes libretistas”, y me refiero al tan conocido recurso de la afirmación capciosa ¡Lo sé todo!
Se presenta una situación entre dos personas y una le dice a la otra ¡Lo sé todo! Y el interlocutor termina confesando lo que –en principio- no quería. Este recurso, modificado, se ha utilizado miles de veces en nuestro país, especialmente en la televisión en programas como El tornillo, Risas y Salsa, Risas de América, etc.

Pero, ¿Quién es el autor de tan exitoso texto?
Varios libretistas –de cuyos nombres no quiero acordarme- se han atribuido la paternidad de “Lo sé todo”.
Sin embargo, quien lo escribió fue mi padrino de bautizo, el actor y autor peruano Alfredo Bao Curty entre los años 40 y 50 del siglo pasado -época de oro del teatro de revistas en Lima (ver el artículo Bim Bam Bum y Cha cha cha en este blog)- encargándose así mismo, con Alex Valle, de la selección, escritura o adaptación de textos teatrales, generalmente petit-comedias, de autores argentinos como Octavio Sargenti y los hermanos Laguardia, o los chilenos Pepe Rojas y Pepe Fernández, que se presentaban dentro del programa.
Así, Alfredo Bao escribió innumerables libretos a cada cual mas hilarante en los que las situaciones y enredos arrancaban carcajadas interminables al público asistente; y uno que ha perdurado en la escena peruana por mas de sesenta años es justamente éste, otros se perdieron después de su muerte en 1955, aunque en mi poder obran algunos, y entre ellos el que motiva éste artículo.

Como un documento interesante, incluyo la primera página original de “Lo sé todo” escrita por Alfredo Bao en unas simples hojas de cuaderno, así como la trascripción de dicho texto a fin de archivarse en la memoria teatral peruana.






LO SE TODO



MIGUEL.- (SOLO) ¡Pero que desgracia la mía! Acabo de ser victima de un robo y esta vez sí que no perdono a nadie, tendré que acudir a la policía inmediatamente para que investiguen este escandaloso robo.

SARA.- (ENTRANDO) ¿Pero qué le pasa amigo Miguel que lo encuentro tan preocupado?

MIGUEL.- Sarita, amiga mía, acabo de ser víctima de un robo… me han robado de mi escritorio dos mil soles y francamente no sé quién pueda ser…

SARA.- Pero dos mil soles para usted es una bicoca…

MIGUEL.- Si, dos mil soles ahora, la semana pasada el reloj y la pulsera de mi señora. Ya no se puede aguantar, de repente me roban a mí y ¿a quien me quejo?

SARA.- Mire Miguel, yo en cuestión de robos soy una detective asombrosa, puesto que me paso leyendo cuanta novelita policial me encuentro.

MIGUEL.- ¿Y qué me cuenta usted con eso?

SARA.- Que le puedo dar muchos consejos para descubrir robos, engaños y esas cosas que le pueden pasar a uno.

MIGUEL.- A ver, espero de usted un consejo… ¿qué haría en este caso?

SARA.- Mire usted, principie por llamar a la servidumbre y a uno por uno hacerle una escena misteriosa, y mirándolo fijamente a los ojos decirle: ¡Lo sé todo!, ¡Yo lo sé todo! Y verá usted que si es culpable en algo, termina confesándolo.

MIGUEL.- ¿Pero usted cree que eso dará resultado?

SARA.- Pruébelo y ya verá que mi consejo no falla. Y ahora para que usted investigue tranquilo me despido y muchos saludos a su familia de mi parte. (MEDIO MUTIS) ya lo sabe: ¡Misterio y Lo sé todo! (SALE)

MIGUEL.- Claro que el consejo es ingenuo, pero puede dar resultado, probemos con el chofer que ahí viene.

CHOFER.- Señor Miguel, buenas tardes. Vengo a decirle que la gasolina y el aceite se han terminado y necesito dinero para volver a comprar.

MIGUEL.- Mire Martín, ayer le di para comprar gasolina y aceite y francamente me parece que muy pronto se ha gastado.

CHOFER.- Claro señor, la vida está imposible, todo sube, todo se gasta, por más que uno quiere ahorrar…

MIGUEL.- (APARTE) Yo pruebo con este… (AL CHOFER, MISTERIOSO) Martín, ven, mírame bien a los ojos… así… ¡Yo lo sé todo!

CHOFER.- Señor, yo… mire usted… ¿Usted lo sabe todo?

MIGUEL.- ¡Si, lo sé todo!

CHOFER.- (VENCIDO) Perdóneme el señor, mi sueldo es poco y…claro… uno ve… y sin querer… pues, agarra lo que no es suyo… pero a usted eso le pasa por confiado.

MIGUEL.- ¡Canalla! Yo que tenía confianza en ti y te aprovechas para llevarte la gasolina y quién sabe qué cosas más…

CHOFER.- Perdóneme el señor, ya repararé mi falta…

MIGUEL.- ¡Fuera canalla! (SALE EL CHOFER) Ya descubrí quién me robaba… buen resultado me ha dado el “lo sé todo”.

CHELA.- (ENTRANDO AGITADA) ¡Miguel, acabo de ser víctima de un robo! Me han robado de mi mesa de noche mi collar, el prendedor de oro y brillantes y mi cartera con no sé cuanto dinero. ¡Que desgracia la mía!

MIGUEL.- Mi querida Chela, acabo de saber quién es el que se robaba las cosas, era el chofer, pero como no quiero escándalos lo he echado de la casa… (APARTE) ¡Yo le descubro algo a mi mujer! (ALTO) Chela, ven… mírame a los ojos… ¡Lo sé todo!

CHELA.- Pero Miguelito, ¿qué es lo que sabes?

MIGUEL.- ¡Yo lo sé todo, todo!

CHELA.- ¿Todo, todo?

MIGUEL.- ¡Todo!

CHELA.- Pero el único que tiene la culpa eres tú.

MIGUEL.- Yo, ¿por qué?

CHELA.- Por que tú siempre me dejas ir sola con el chofer… y claro, una es débil, viene el diablo y sopla.

MIGUEL.- ¡Aquí el que sopla es el chofer! ¡Adultera, fuera! (SALE CHELA LLORANDO) Era lo último que me faltaba, que mi mujer me engañara con el chofer, ¡si es para pegarse un tiro!

MAMA.- (ENTRANDO) ¡Pero que te pasa hijo de mi alma, te encuentro desesperado!

MIGUEL.- Madre mía, soy el hombre mas desgraciado del mundo y no te lo puedo decir para no darte un disgusto tan grande.

MADRE.- ¡Pero que es, dilo!

MIGUEL.- (APARTE) Yo le saco algún secreto a mi vieja… (ALTO) ¡Madre mía, ven, mírame a los ojos… lo sé todo! ¡Todo!

MADRE.- ¿Pero qué es lo que sabes?

MIGUEL.- Yo lo sé, todo, todo.

MADRE.- Hijo mío, si lo sabes todo, te lo contaré, pero perdóname… ¡Tu padre no es tu padre, es otro! (SALE RÁPIDAMENTE LLORANDO)

MIGUEL.- ¡Ahora resulta que hasta soy huérfano! El hijo sin padre conocido… nada, yo me mato… ¡si es para volverse loco!

AGAPITO.- (ENTRANDO, ES UN VIEJITO) ¡Señor Miguel! Vengo a comunicarle como portero que soy de la puerta del portón del portal de la portería de esta casa, que la susodicha chapa del portón del portal, no obedece la vuelta hacia la izquierda de la llave, esperando de su benevolencia y óbolo para acudir a un cerrajero.

MIGUEL.- ¿Con que la chapa está mal? Ayer fue la chapa del garaje y ahora…

AGAPITO.- ¡La chapa usted todo y claro!, su mentalidad…

MIGUEL.- (APARTE) Este viejo tiene cara de sospechoso, yo descubro algo… (ALTO) Don Aga…

AGAPITO.- ¡Pito, Agapito! ¡No me quite el pito!

MIGUEL.- Bien, Don Agapito… míreme a los ojos, ¡yo lo sé todo! ¡Todo!

AGAPITO.- ¡Dios mío! ¿Qué dice usted?

MIGUEL.- ¡Yo lo sé todo, yo lo sé todo!

AGAPITO.- Con que lo sabe usted todo… ¿todo?

MIGUEL.- Si, ¡yo lo sé todo!

AGAPITO.- ¿Con que lo sabes todo? ¡Hijo mío, después de tantos años!

MIGUEL SE DESMAYA Y SE CIERRA EL

TELON



ANECDOTAS TEATRALES II

Como quiera que ha tenido acogida le publicación de anécdotas teatrales, continúo ofreciendo a mis lectores estos sabrosos momentos.
Aquí va la segunda parte:

En los años 80, Adela Gleijer llegó de Montevideo con su marido Juan Manuel Tenuta y aquí ambos retomaron su pasión por el teatro independiente. Cuando hacía un espectáculo en aquellos típicos sótanos, donde existía una gran cercanía con el público, la acción que definía a su personaje consistía en tratar de alcanzar, subrepticiamente, una cajita de pastillas ubicada en una mesa de apoyo. Su esfuerzo interpretativo estaba concentrado en transmitir la necesidad y dificultad de esa tarea, cuando, de pronto, advirtió que un dedo de alguien del público la corría hacia su lado para ayudarla.
********************



Años atrás, la gran Hedy Crilla estaba en los ensayos generales de un gran éxito: Sólo 80, dirigida por su ex alumno Agustín Alezzo. En un momento, se hacía un apagón total y Crilla debía avanzar a oscuras hasta situarse en frente del escenario. Un actor, ubicado en el lugar, servía de guía para la actriz de avanzada edad (tenía 85).
Dominado por los nervios, este último demoró su salida, cuando se escuchó un fuerte golpe. Las luces se encendieron y no había nadie en la escena.
De pronto, se escuchó la inconfundible voz con acento alemán de Crilla:
-"Queridos compañeros, estoy en la platea".
Pies arriba, entre las butacas de la primera fila.
********************

Pero los adelantos técnicos también son fuente de innumerables anécdotas, la que sigue ocurrió en la época en la que aparecieron los primeros micrófonos inalámbricos. Una famosa actriz, con un famoso actor-productor, dejó la escena y se fueron a camarines, pero no les apagaron los trasmisores de sus ropas. A partir de ahí, en el escenario y en la sala se pudieron escuchar claramente, por los parlantes y a gran volumen, los gemidos, exclamaciones y jadeos provenientes de los camarines.
********************



Mencionaba en la anterior entrega, que Jesucristo Superstar tiene infinidad de anécdotas, sin embargo aquí en nuestro país, un equivalente muchísimo más antiguo a esa exitosa obra teatral es el montaje de “La Pasión”, que se representa en Semana Santa.
Mi gran amigo y maestro Ernesto Ráez, me ha hecho llegar tres anécdotas relacionadas justamente con esas puestas en escena en las que él trabajó, las cuales trasmito a ustedes:

Hacía de Longinos, el soldado romano que recupera la vista al hundir su lanza en el costado a Cristo crucificado. Un crucificado que tenía un especial sentido del humor –o de camaradería- ya que acostumbraba no ponerse calzoncillo mientras estaba colgado de la cruz.
Es de imaginarse la concentración que debía tener María al alzar los compungidos ojos al hijo y encontrarse con el "espectáculo de su prominencia fálica".
********************



En una presentación que se hacía en la plaza de toros de Acho un actor apellidado Salinas, hacía el papel de Jesús.
Como no era un lugar apropiado para las representaciones teatrales, a fin de mantener la acústica y visibilidad adecuadas, se representaba con altoparlantes y en vez de telones había apagones.
En el silencioso apagón que seguía a la muerte del crucificado se oye por los parlantes la angustiada voz de Salinas:

-¡Me caigo!
La misma que va in crescendo hasta resonar con toda intensidad seguida de un golpe seco:

- ¡Me caigo, carajo!
Se encienden las luces y se ve erguirse a un magullado Cristo "resucitado", pero dolorido.
Huelga decir que “La Pasión”, terminó en una gran carcajada del público.
********************


Sin embargo, es en provincias donde la representación era fuente de anécdotas y hechos curiosos.
Como era difícil y poco práctico movilizar extras (o supernumerarios) que solo decían una o dos líneas, los personajes de los doce apóstoles se completaban con boleteros, chocolateros, etc. Se les ponía una túnica, una barba de liga y a llenar los doce asientos de la famosa cena.
El público contaba que fueran exactamente doce, habida cuenta de que la compañía “venía de Lima” y como buenos provincianos no permitían que se les diese gato por liebre.
Sin embargo, en una ocasión, no pudieron conseguir más de once.
¿Qué hacer?
El actor que hacía de Pedro, experimentado en las tablas y ducho en el arte de la “morcilla” y las improvisaciones, dijo al resto de la trouppe:

- No se preocupen, yo lo arreglo.

Y muy suelto de huesos, al salir a escena agregó un texto:

- Maestro...
- Sí, Pedro.
- Maestro, Mateo encarga decirte que no va a venir a cenar esta noche.
********************
La obra de Don Juan Tenorio, da para muchas anécdotas. En la escena de la calle de la casa de Doña. Ana, cuando Don Juan le dice a Ciutti.- “Con oro nada hay que falle; Ciutti, ya sabes mi intento: a las nueve en el convento, a las diez, en esta calle”, el encargado de bajar el telón, debía estar distraído, y bajo el telón en el "intento" dejando al actor con la palabra en la boca, y esta claro que con un enfado considerable hacia el encargado del telón


********************



Cuéntase que una veterana actriz, interprete habitual del personaje de la “monja Superiora” en "Don Juan Tenorio" harta de oírse todas las noches un insulto cuando "el Comendador" dice aquello de "Imbécil, tras de mi honor que os roban a vos de aquí".Decidió decir lo siguiente.-
¿Donde vais comendador imbécil? El actor que representaba al comendador, no tuvo mas remedio que añadir.-Tras de mi honor que os roban a vos de aquí. Y de esa forma la actriz evito que la insultaran una vez más.
********************



Esto que a continuación relato, manifiesta lo importante de una buena "morcilla".
La obra comienza en la hostería del Laurel, en la que, durante las primeras siete breves escenas, don Juan escribe una carta, el hostelero y el criado Ciutti hablan de sus cosas, llega un embozado y después otro. Este segundo embozado que se llama don Diego, al entrar pregunta:

DON DIEGO: ¿La hostería del Laurel?

BUTARELLI: En ella estáis, caballero.

DON DIEGO: ¿Está en casa el hostelero?

BUTARELLI: Estáis hablando con él.
El embozado se acomoda, llegan después dos señoritos sevillanos. Y se desencadena la acción de la trama.
Pues bien. Sin que se sepa por qué, el actor que interpreta al hostelero Butarelli, cuando concluye su diálogo con el primer embozado, don Gonzalo, en vez de quedarse en escena limpiando y trajinando, como indica la acotación de la obra, hace mutis, se marcha.
En ese momento entra en escena el segundo embozado, y pregunta:

DON DIEGO: ¿La hostería del Laurel?
Perplejo, advierte que en la hostería sólo se encuentra un embozado sentado a una mesa. No sabe qué hacer. Es imposible que el actor encargado del papel de Butarelli le responda por la sencilla razón de que no está. Breve y angustioso silencio. Pero surge la genial improvisación del primer embozado, que es Don Gonzalo:

DON GONZALO: En ella estáis, caballero. Ni está en casa el hostelero ni estáis hablando con él.Más de una vez, en el teatro nos salva el saber improvisar.
********************


Esta que me contaron y que ahora transcribo, es una prueba de cuan sensibles pueden ser los actores.
En la primera escena del Tenorio, algo muy grave debió sucederle al actor que interpretaba el papel de Butarelli (posiblemente una diferencia económica con el empresario) que le indignó. Y urdió con paciencia su fría venganza.
Se levantó el telón y empezó la acción...llega el instante en el que Don Diego (El padre de Don Juan) entra a escena

DON DIEGO.- ¿La hostería del Laurel?

BUTARELLI.- ¡En la acera de enfrente!
(Tenia que contestar.-En ella estáis caballero)

El "hostelero" cerró bruscamente la puerta y dio con ella en las narices a todo el mundo, pues hubo de suspenderse la función en medio de un barullo escandaloso y colosal
********************



Hace ya algunos años, en un teatro de Madrid, se llevó a cabo una representación que estuvo plagada de sorpresas.
La obra llevaba ya varias semanas en cartel cuando uno de los actores, que hacía el papel de un alguacil, dejó el teatro para irse a trabajar a otro sitio, de modo que uno de los figurantes fue seleccionado para que hiciera su papel.
El texto era corto y muy sencillo:
El alguacil entra en escena, casi al comienzo de la obra, y pregunta:

- “¿Sois vos Don Juan Tenorio?”
- Don Juan : “Yo soy”
- Alguacil : “Sed preso”.El figurante recién ascendido estaba muy nervioso el día de su estreno. Antes de salir a escena, no hacía más que repetir una y otra vez: “¿Sois vos Don Juan Tenorio?” “Sed preso” “¿Sois vos Don Juan Tenorio?” “Sed preso”. Y así continuamente.
Al fin le llegó el turno. Dando tumbos, salió al escenario y con voz insegura preguntó:

- ¿Sois vos Don Juan Tenorio?
- Yo soy

Y ahí el pobre novato se quedó en blanco. No recordaba qué le tocaba decir y decidió improvisar:

- ¡Documentos!
El público estalló en carcajadas. Don Juan no sabía que responder… al fin masculló algunas palabras, algo así como “por Dios os juro que soy Don Juan Tenorio” y viendo que el figurante no decía nada más, lo cogió por un brazo y se lo llevó de escena, gritando “¡Está bien, os acompañaré a la prisión!”.No se supo nunca más del figurante.

Pero ahí no acabaron los avatares de esta terrible función. Llega un momento en la obra en que Don Juan y Don Luís Mejía se baten en duelo. Al fin, el primero saca una pistola y mata al segundo de un tiro.
Pero aquella noche aciaga… cuando Don Juan fue a echar mano de la pistola, ¡se dio cuenta de que no la llevaba! ¡Se la había dejado en el camerino!
¿Cómo matar entonces a Don Luís?
Sin pensarlo ni un segundo, le dio una patada en salva sea la parte, ahí, dónde más duele.
Don Luis le miró con gesto de sorpresa y exclamó:

- ¡La bota estaba envenenada!
Y se murió.
Nunca el público se rió tanto con Don Juan Tenorio.
********************
Y lo que sigue, va de "yapa"

Las siguientes tres anécdotas, sucedieron en una de las tantas obras que he dirigido.
Estábamos presentando la obra “Oratorio” de Alfonso Jiménez en un colegio de señoritas y en la misma no había entreactos, se daba de corrido y el montaje era del tipo poema-dinámico con mucho desplazamiento, y más de veinte personajes representados por ocho actores. Faltando unos diez minutos, uno de los actores empezó a intercalar en su texto la palabra “molino”. Nadie supo de qué se trataba hasta el final de la obra en que tras cerrarse el telón lo vimos parado en medio de un charco, con el vestuario mojado, y lo único que nos dijo fue “moliné”.
********************


Había sido invitado por un amigo crítico teatral del diario La Prensa de Lima a los ensayos de la obra juvenil “Sólo abrió una puerta”, cuya temática se basaba en el movimiento hippie. Al entrar a la sala nos encontramos con una tremenda bronca, pasados casi cinco minutos de espectar desde la última butaca el entredicho, el director abandonó la sala dejando a la productora –y autora- presa de un ataque de nervios. Sólo faltaban diez días para el estreno, el teatro estaba pagado por tres meses y el avisaje listo en la imprenta. Al percatarse de nuestra presencia, la autora se dirigió a nuestro común amigo y le preguntó desesperada:
-¿Viste el lío que se ha armado, quién va a dirigir ahora?
El crítico con la mayor frescura me señaló con el dedo y le dijo
-“Él”
Así, sin querer, me vi preparando una obra de teatro en sólo una semana (musical incluido) y haciendo además, el papel protagónico ante la negativa del actor a que yo lo dirigiera, mas por solidaridad con el anterior director que por falta de profesionalismo.


********************


Y esta no es solo una anécdota, es una muestra de profesionalismo en grado sumo. Montábamos la obra “Ensayo General” y uno de los actores (dos parejas) era Enrique Ráez. Pues bien, faltaban quince minutos para abrir el telón y él no se aparecía. Diez minutos y primer timbrazo y nada. Segunda llamada y ni la sombra de él. Cuando ya habíamos decidido dar la cara y devolver las entradas se apareció tambaleándose de la borrachera que tenía.
Con voz estropajosa nos indicó que venía de un velorio y que había estado tomando desde el día anterior. Al decirle que íbamos a tener que cancelar la función, puso el grito en el cielo, se paró como pudo tras el telón y ordenó:
- ¡Apaguen la sala y abran!
Todos estábamos indecisos, pero como director, y conociendo a mis actores, me la jugué; ordené abrir y apenas la luz lo iluminó cambió en forma radical. Su voz tenía el tono de siempre, se movía por el escenario lo más normal y no se olvidaba ni una coma del texto. Cuando concluyó la obra (una hora y quince después) hicimos la consabida venia, cerramos la cortina y cayó al suelo desmayado, teniendo que llevarlo cargado al camerino.
Jamás he visto tal poder de concentración de un actor en su personaje.

ANÉCDOTAS TEATRALES

Muchas son las anécdotas sucedidas a través del tiempo en esta hermosa profesión. Aquí les dejo algunas para que las disfruten.

Representando "Culpables" de Jaime Salóm, en el Teatro Príncipe de Madrid, se había producido una avería y caía agua desde el techo a la platea. Las localidades afectadas no se vendieron y se dio la representación. Luisa María Payán, la actriz protagonista, había advertido a los actores que no se pronunciara la palabra "lluvia" para evitar las burlas del público.
Pero, durante el segundo acto, representando una exhumación en un cementerio el bueno y despistado Pepe Vivó, olvidado de la advertencia dijo: "y menos mal que ha dejado de llover...". Uno de esos espectadores ocurrentes, presente en el casi lleno patio de butacas exclamó:

- "¡Eso será ahí, en el escenario!


********************

La Argentinita, Encarnación López, nacida en Buenos Aires en 1898, hizo su carrera en España destacándose como bailarina excelente y de gran clase, sobresaliendo también como simpática cantante. En su espectáculo en el teatro Romea, en uno de sus cuplés: “El matrimonio”, realizaba una imitación de Raquel Meller. Esta asistió una noche a la función. Al finalizar la interpretación del cuplé se levantó del palco y fue al escenario, sin gritos, tranquilamente le dio una cachetada a Encarnación delante de todo el público y le dijo:

-¡Y esto es para ti!

Dejándole en claro que una artista de su talla no aceptaba imitaciones.


                                                             Raquel Meller                                           Encarnación López

********************

Doroteo Martí, uno de los grandes divos del teatro español del siglo XX tenía costumbre de dirigirse al público. Representaba la Pasión y, al final de la obra, clavado en la cruz, dejaba caer la cabeza sobre su pecho como muestra de haber exhalado su último suspiro. Ruedan las lágrimas por las mejillas de muchas espectadoras. Desciende y sube el telón repetidas veces para corresponder a los aplausos de un público entregado y conmovido. En una de estas subidas el telón no desciende inmediatamente, queda alzado. El crucificado yergue la cabeza y en el tono más natural y simpático del mundo, se dirige a los espectadores, todavía conmovidos, y les anuncia:

Mañana, en funciones de matinée y vermouth: Genoveva de Brabante!

Y vuelve a quedar postrado, clavada la barbilla en el pecho, desmadejado el cuerpo, mientras continúan los aplausos.

********************


Un actor en plena representación, se le olvido un párrafo y obligo al resto de compañeros a pasarse cuatro páginas. Un espectador comentaba acabada la obra:

-“Es la cuarta vez que la veo, y hoy la he encontrado mas ágil. Me ha gustado más que nunca”.


********************

El cómico Luís Manzano, que cumplió varias temporadas de éxito en el Teatro Apolo allá por los años veinte, se encuentra actuando en Málaga con un sueldo exiguo. Y apenas tiene para lo más preciso.
Ante esta delicada situación económica, reunido consigo mismo en junta general, decide por unanimidad no abonar un céntimo a la patrona en cuya casa se hospeda. Un día la patrona que, aunque sea la excepción, era una infeliz, pregunta muy intrigada a uno de sus huéspedes:

-¿Sabe usted lo que quiere decir "bohemio"?
-Naturalmente. ¿Por qué me lo pregunta usted?
-Porque el señor Manzano me ha dicho que él no paga porque es "bohemio".

********************

Era una compañía de teatro con tan pocos recursos, que ocurrió lo siguiente: Tenían que representar "Los Claveles" (Una zarzuela) Y en momento de la salida del camarero, este hacia mutis, tomándose una cerveza que había ido a servirles. El Actor se la tomo de verdad, y en la función de noche, cambiaron la cerveza por un vaso con agua.


********************

Henry Irving, el gran actor inglés (intérprete de la primera versión de "Drácula", de Bram Stoker, en el teatro) desempeñó durante parte de su carrera el cargo de director del Lyceum Theatre.
Para una de las obras que preparaba, se hizo necesario conseguir un caballo, e Irving empleó varios días buscando uno adecuado para sus propósitos. Finalmente, trajeron uno, y para asegurarse, el actor preguntó al dueño del animal.

- ¿Es manso este animal?
- Por supuesto, sumamente manso- respondió el dueño,- y muy adecuado. Hace poco, en el Majestic Theatre, sirvió al actor Beebohm Tree, cuando éste representaba la obra "Ricardo III".


En ese momento, el caballo aprovechó para dar un enorme bostezo. Irving se lo quedó mirando con sorna, y comentó a su dueño:
- Sí, manso es. Pero... no me lo quedo. ¡Me parece que este caballo tiene demasiada tendencia a la crítica teatral!

********************


Una vez cuando se estaba representando la Casa de Bernarda Alba, a la producción se le ocurrió utilizar un maniquí para simular el personaje de Adela la hija menor de Bernarda Alba,
El maniquí colgaba y simulaba bien el cuerpo de alguien que se había quitado la vida colgándose del cuello; se vio tan real y veraz; mas, de pronto, una de las piernas del maniquí se cayó al suelo desatando la risa espontánea del público


********************

En el montaje de la obra “La muerte de García Lorca” presentado en el “Teatro Nacional” en Caracas en 1980 u 81. se mezcla lo terreno con lo sobrenatural.
Se trataba de un recorrido íntimo por las últimas horas de la vida del poeta, casi un monólogo que tocaba en lo mas profundo de los espectadores de una manera demoledora.
La temporada fue de muchas funciones a sala llena, la última de ellas en una tormentosa noche tropical.
Una de las escenas transcurría con el poeta sólo en mitad del escenario que iluminado por un spot prácticamente cenital rezaba a un Dios en el que no podía creer. En un momento dado levanta la voz y le exige una respuesta… el teatro quedaba en esos momentos sumido en el más profundo de los silencios ahogados por la tensión dramática del cuadro. Pero en este caso, apenas acababa de hablar el actor desde las tablas, el retumbar ronco y profundo de un largo trueno asaltó a traición. Finalizadas las últimas reverberaciones del fenómeno meteorológico todos guardaron silencio uno o dos segundos más, hasta que como necesaria catarsis a la tensión acumulada echaron a reír.


********************

En mayo de 1973, Alejandro Romay contrató a Nélida Lobato y a Zulma Faiad para “Escándalos”, la nueva revista de El Nacional. El productor tuvo que mandar a construir un segundo camarín principal, doble y con baño incluido, para que no hubiera diferencias entre las figuras. Pero el problema mayor estalló con el cartel.

Romay lo resolvió de una forma ingeniosa: mandó a construir un molino, para la marquesina, con los nombres de ambas en sus aspas, que giraban permanentemente y no se sabía quién estaba primero.


********************

Los animales "no contratados" y frecuentes en los teatros son los murciélagos y las ratas. A principios de los años 90, el Luna Park de Buenos Aires, estaba lleno de murciélagos en su parte alta. A menudo se electrocutaban con las luces o caían medio moribundos en pleno escenario de Drácula, el musical. Quedaban los cuerpos en los carros escenográficos y, en una ocasión, Paola Krum revoleó su capa de Lucy y desparramó unos cuantos murciélagos muertos entre sus compañeros. En la misma obra, una vez una rata apareció en escena y logró que cundiera el pánico entre las actrices que vestían lujosos miriñaques, que les dificultaba correr del animalejo.


********************


Un musical que tiene numerosas anécdotas es Jesucristo Superstar, en la versión que dirigió Rubén Elena, en 1989. El que más sufrió fue Aníbal Silveyra, quien interpretaba a Jesús. No sólo porque había un actor que le pegaba latigazos en serio, sino porque en una función, a aquellos que sostenían con cuerdas la cruz, donde estaba crucificado, los traicionaron sus fuerzas. La cruz comenzó a ceder hacia adelante y Silveyra tuvo que resucitar a Jesús pero con el grito de:

- ¡¡¡Socorrooooooooo!!!





Y por ésta vez, dejemos descansar la pluma.

OBRAS MALDITAS

El enfermo imaginario, ha sido siempre una obra que a muchos directores les ha dado miedo interpretar dado que su autor murió en escena durante la representación.
Superstición, leyenda, ¿será una obra maldita?, ¿Hay obras malditas?
Entremos en materia.
Macbeth escrita por el gran William Shakespeare, es la obra maldita por excelencia.
Los actores, representantes, directores, hasta los utileros, se niegan a pronunciar este nombre, sobre todo en el mundo anglosajón. Cuando hablan de ella se refieren a la “tragedia escocesa” así no pronuncian su nombre. El propio argumento ya nos pone sobre la pista.
Al noble Macbeth le mueve la fatalidad escrita en las estrellas y la ambición es lo que genera que entre en un proceso de autodestrucción. El cumplimiento inmediato de la primera profecía y la ambición de su esposa, le llevarán a cometer un crimen para alcanzar lo que antes le habían augurado.
Tres brujas le anuncian un destino que le llevará en poco tiempo a ser rey de Escocia. Según la leyenda, fueron brujas reales originalmente contratadas para actuar como brujas en las primeras funciones, ya que ninguna actriz quería hacer el papel, y los hechizos que utilizaban se decía que eran auténticos. Una bruja maldijo la obra como venganza por haber revelado secretos de estos encantamientos. Se comenta que son hechizos malvados, que van echando maldiciones a diestra y siniestra a los que participan en esta obra y hasta a sus espectadores. Si un actor hace de Macbeth, le caerá la ruina total y nunca podrá triunfar. El conocidísimo actor Peter O´Toole interpretó Macbeth y este fue el peor momento de su carrera un auténtico fracaso.
La fatalidad se encargó de aumentar su mala fama en el año 1964, cuando se quemó un teatro nuevo en Lisboa que estaba representando esa misma obra.

España también tiene sus propias obras malditas, en este caso se trata de una zarzuela La Tempestad, del autor Ruperto Chapí con libreto de Miguel Ramos Carrión.
Esta obra fue todo un éxito en 1882, a pesar de las críticas que tuvo en la época.
A raíz de entonces en los teatros y lugares donde se ha montado esta obra la desgracia se ha cebado con ellos. Representantes arruinados, directores sin obras, actores sin empleo…
El infortunio es el protagonista cuando se habla de La Tempestad.

Otra zarzuela, que ha llevado a la superstición es la famosa Leyenda del Beso, esta obra de Reveriano Soutullo y Juan Vert, tiene una parte maldita para muchos entendidos, lo que se llama la Romanza de la amapola.
En esta escena se ve como una gitana llamada Amapola lee la mano a nuestro protagonista, un joven noble llamado Mario, se dice que en esos momentos la mala suerte se apodera del actor, puede llegar a causarle un sin fin de desgracias y en ocasiones hasta la muerte. Esta parte del Acto II en diversas ocasiones ha sido omitido, por miedo a las desgracias, por miedo al fracaso.

Acto II
En el campamento de los gitanos Iván expresa sus penas de amor mientras afila su cuchillo. Llega Gorón, amigo de Mario, y baila un fox-trot con las gitanas. La fiesta gitana está a punto de empezar y se acercan el resto de los nobles con Mario, a quien Amapola lee el porvenir. La fiesta comienza y Mario hace un brindis, ofreciendo su copa a Amapola. Iván, celoso, se enfrenta a él y se la arrebata tirándola violentamente al suelo. Los nobles y los gitanos evitan la pelea entre Mario e Iván

Y no son de ahora estas creencias. En la Crónica Sueca podemos leer un hecho bastante curioso y escalofriante.
Corría el año 1513 y se estaba representando en el palacio de Alborg la obra El Misterio de la Pasión ante Juan II, rey de Suecia, Dinamarca y Noruega.
El actor que representaba a Longinos, emocionado por el ímpetu de su papel, clavó realmente la lanza en el costado del desventurado actor que hacía de Cristo, cayendo muerto al instante, aplastando en su caída a la actriz que hacía de Virgen María.
El rey Juan II, encolerizado por lo que estaba viendo, subió al escenario, se lanzó contra el actor culpable del desaguisado y le cortó allí mismo la cabeza. A la salida del espectáculo, los otros asistentes, a quienes les había gustado el modo tan realista de representar a Longinos, en un arrebato de furia mataron al monarca. Todo un lío histórico, tanto que le tuvo que suceder en el trono Cristián II.
La mencionada obra, teñida ya de sangre, no se volvió a representar durante años, por si acaso…
Se podría decir que es el colmo de la mala suerte sino supiéramos que existen otros ejemplos muy significativos, aunque mucho menos sangrientos.

Aunque para fatalidad la que tuvo el cantante de ópera norteamericano Leonard Warren que, en 1960, actuaba en La forza del destino –de Verdi– en el Teatro Metropolitan de Nueva York, representando el personaje de Don Carlo.
Acababa de iniciar la famosa aria: “¡Oh fatal urna de mi destino!”, y cuando llegó precisamente a la palabra “fatal”, se tambaleó, cayó hacia delante de repente y murió de un ataque cardíaco. Ni que decir que desde ese momento esta ópera y esta aria, en concreto, empezó a generar cierta desazón…

Además de obras, existen autores que adquirieron el dudoso privilegio de ser considerados nefastos. Un claro ejemplo es el del dramaturgo y escritor barcelonés Jacinto Grau, autor de comedias como Don Juan de Carillana (1913) o El hijo pródigo (1918).
Sin embargo su fama de autor nefasto está dada por El señor de Pigmalión (1921) donde aborda el tema del teatro dentro del teatro.
Pues bien, en España ningún empresario quería representar sus obras, y en concreto ésta última, por su terrible fama negativa. En un reportaje concedido en 1974 al matutino La Nación, José Cibrián contaba que cuando su padre puso en escena la citada obra en un teatro de Madrid, en la década de los años 30, todo el mundo le llamaba insensato, y más aún cuando en uno de los últimos ensayos uno de los intérpretes se presentó, pese a que padecía una seria dolencia pulmonar.
El actor pagaría con su vida el exceso de profesionalismo, y muchos compañeros le atribuyeron la desgracia a la presunta influencia nefasta de don Jacinto, renunciando a sus papeles.
La mala suerte parecía acompañarle a todas partes, durante una conferencia que Jacinto Grau dio en un teatro de Buenos Aires, se cayó la lámpara del techo hiriendo de gravedad a varias personas.
Creo que ahí lo dejamos.

¡MUCHA MIERDA!

Antes de cada función, y ya sean elencos profesionales o grupos de aficionados, se repite una cábala (que se dice a telón cerrado y juntando las manos como los jugadores deportivos) con la que nos deseamos éxito: ¡Mucha mierda!
¿Y de donde nace esa expresión?
Ésta nace a mediados de 1800, en la época en la que el público se transportaba en coche de mulas o a caballo, afuera del teatro se podía ver los desechos de los animales y si abundaban es que hubo muchos espectadores y por lo tanto la obra tuvo éxito, por lo menos en taquilla.
Pero ésta no es la única cábala teatral.
Sabido es que el hombre es supersticioso, es más la superstición es tan antigua como él mismo y dio origen posteriormente a la religión. El actor, que en un principio era un oficiante religioso (recordemos los cultos a Dionisos como origen del teatro) no podía estar ajeno a toda suerte de cábala y superstición.
Así tenemos que además de lo antes mencionado, lo único que una persona bien intencionada nunca debe hacer es desearle buena suerte a un actor. Esta es quizás una de las más conocidas supersticiones teatrales todavía en vigor. Hay una creencia entre algunos profesionales de teatro que los fantasmas tienden a rondar los teatros vacíos, y están dispuestos a producir el resultado contrario de lo que escuchan que piden. Con el fin de frustrar los espíritus, los actores suelen decir lo contrario de lo que realmente significan. Al decirle a alguien "rómpete una pierna" en lugar de "buena suerte", la esperanza es que el espíritu será engañado en la prestación de la buena suerte real para el artista intérprete o ejecutante, la otra versión es que necesitar suerte para lograr el éxito es como dudar de la capacidad y talento del actor, y una tercera alude a que como los telones de los costados se llaman "piernas" (o patas) si pedimos que se rompan (con el consiguiente problema durante la representación, los fantasmas van a hacer lo contrario y el decorado -y toda la obra- se mantendrán en buenas condiciones logrando el éxito.
Y siguiendo con el tema de los fantasmas, hay otra superstición teatral conocida como la Luz Fantasma. Debido a que los fantasmas sólo pueden habitar espacios oscuros, una luz especial "Ghost Light" (luz fantasma) se ubica tradicionalmente a la izquierda en el centro de la escena.
Esta luz no sólo se destina a mantener a raya a los espíritus malignos, sino que también proporciona una iluminación suficiente para los tramoyistas para encontrar su camino entre bastidores sin tropezar con actores que esperan u otros obstáculos.
Se dice que cada teatro de Buenos Aires tiene su fantasma. En el Maipo tienen nombre y hasta los saludan. Lo mismo que en el Cervantes, según lo que cuentan sus empleados, lleno de espíritus. Pero el más notorio es el de la sala chica del Broadway. Muchos artistas, productores, técnicos y directores, aseguran que ahí hay un fantasma que empuja. "Te juro que me empujó y casi me caí de la escalera", dijo un famoso jefe de prensa. Algunos, incluso, le han puesto Raúl.

Sigamos, los viejos trabajadores de limpieza de los teatros aún evitan dejar una escoba en el escenario porque creen que eso "barrería", ahuyentaría al público, nadie debía sentarse sobre la ya desaparecida concha del apuntador, a ningún actor o técnico debe ocurrírsele silbar por la noche dentro, ni en las inmediaciones del escenario.
Otro tipo de superstición teatral implica el uso de accesorios falsos en lugar de objetos reales de valor, como antigüedades, joyas o flores de verdad. Esta superstición tiene algún valor práctico, sin embargo, ya que esos objetos se han perdido, roto o robado durante una campaña de producción.
Las flores de verdad también deben sustituirse periódicamente, y el potencial de resbalones y caídas en una zona mojada siempre está presente.
Algunas compañías de teatro también creen que las antigüedades reales llevan consigo las energías espirituales de los antiguos propietarios, tanto positivas como negativas, y esta energía negativa podría afectar las actuaciones.
El uso de una Biblia real o reliquias no tienen cabida en el escenario.
Los directores utilizan a menudo un libro común y una cubierta falsa para simular una Biblia para evitar una falta de respeto hacia un texto sagrado.
Hay algunas supersticiones teatrales que parecen desafiar la lógica.
El uso de plumas de pavo real, en cualquier forma o manera se dice que es de mala suerte, sobre todo porque los "ojos" del plumaje de un pavo real representan el mal de ojo.
El tejido es también desalentado tanto dentro como fuera del escenario, aparentemente a causa de las agujas que podrían causar daños a los trajes o ser pisado por los actores. Incluso llevar una caja de maquillaje medio vacía, es considerado un mal presagio, ya que representa un rasgo de aficionados en un actor o actriz profesional.
Jamás se le deben dar flores a una actriz “antes” de empezar a actuar, sólo al final de la representación, y jamás deben haber claveles en los camerinos.
Otros creen que es de mala suerte tener un espejo en el escenario, una superstición que tiene sus raíces en la antigüedad, cuando se creía que el espejo podía abrir el alma al diablo.
Por supuesto, un espejo puede ser una molestia técnica, porque reflejará la luz de los reflectores en la audiencia . Pero la superstición del espejo parece que ha sido echada por tierra con la producción A Chorus Line, con 6.137 funciones, y su famosa escena del espejo.
Un ensayo general malo, augura un buen estreno .
Parece ser que esto se origina la vez que un director vio (la víspera del estreno) como sus actores fallaban durante el ensayo y la moral se venía al suelo. Para evitar eso, les dijo que -“como era bien sabido”- (¿?) cuando el ensayo general salía mal el estreno saldría bien. La lógica nos indica que cuando un ensayo general sale mal, el estreno también saldrá mal, pero la práctica me ha desengañado y he visto ensayos generales desastrosos convertirse en estrenos de mucho éxito.
Hay dos supersticiones que son bastante pintorescas:
Una se refiere a que si el primer espectador que ingresa a la sala lo hace con un “pase” la función será un fracaso económicamente, el primer espectador debe de entrar siempre pagando su boleto.
Y en cuanto al primer espectador, esta segunda creencia a más de “curiosa” es sexista. Era el 12 de septiembre del año 1866, y en el teatro Niblo Garden de Broadway en Nueva York se estrenaba lo que sería el primer musical de la historia teatral moderna “The Black Crook” cuyo autor era Charles M. Barras, minutos antes de abrir las puertas del teatro, el director William Wheatley vio con sorpresa que la primera persona en la fila, justo delante de la puerta de ingreso, boleto en mano; era ¡una mujer!
Corrió hacia ella y cogiéndola del brazo la sacó de la fila gritando: "¡No!, ¡No puede ser la primera, no puedo permitir que una mujer sea la primera en entrar, arruinaría el éxito de la obra!".
Lo que hasta ese momento fue un exabrupto de un tipo desesperado (hay que considerar que la obra nace de la unión de un productor teatral a punto de arruinarse y un elenco de danza francés que se había quedado sin trabajo en Nueva York y no tenían dinero para regresar, es más, ni para comer) a la postre se convirtió en un éxito de taquilla: 474 funciones y mas de un millón de dólares de ingresos, y eso que la obra duraba ¡cinco horas y media!



Una de las supersticiones más conocidas dentro de este mundo es la del color amarillo, ni el decorado ni los vestidos deberán lucir el color amarillo. Si se lo ponen en el estreno pueden hacer que la obra no salga bien, o que haya desgracias y hasta la muerte de quien lo lleve.
Toda esta superstición nada más y nada menos proviene de la última obra que realizó Jean Baptiste Poquelin mas conocido como Moliére, uno de los autores de teatro mas interpretados. Quien aparte de escribir obras conocidas como Tartufo, Don Juan, El avaro, y muchas otras, también las interpretó.
El día del estreno de su ultima obra, “El enfermo imaginario”, Moliére representaba este papel vestido con una especie de bata amarilla. Dicen que esta obra era un espejo de su vida, estaba representando un enfermo hipocondríaco, y el día del estreno cuando ya estaban por el cuarto acto, le dio un fatídico ataque de tos, debido a la enfermedad que padecía, (tuberculosis). Murió entre vómitos de sangre provocándole éstos la asfixia.
Desde el día del estreno de su obra póstuma exactamente el 17 de febrero de 1673, esta triste historia real ,hizo que la leyenda y la superchería se extendieran por los camerinos de todos los teatros del mundo, a los pocos meses el color amarillo desapareció de los escenarios, actualmente la verdad que ya este tipo de supersticiones a muchos de los actores actuales no les llama ni la atención, pero a muchos otros todo lo contrario, son muy supersticiosos, nunca consentirían el realizar una obra con este color y mucho menos el día del estreno.
Pues bien; parece ser (y esto es un hecho comprobado) que la bata que vestía Moliére el día de su muerte no era de color amarillo.
Y ya que hablamos de colores es menester mencionar a “La Sala Verde”
Se indica que siempre debe haber en el teatro un salón pintado de verde y que generalmente está tras el escenario donde se reúnen los actores, si esta “sala de espera” está de otro color, la producción fracasa.
¿Orígenes? No están muy claros, hay quienes lo atribuyen a que en una línea de la obra de Thomas Shadwell, Un verdadera Viuda montada en 1678, en el cuarto acto, el personaje menciona:

STANMORE.- No madame, Selfish se reunirá esta tarde en la sala verde que está detrás del escenario, lo sé de antemano…
Ahora bien, de verde también deben estar pintadas las salas donde se realizan los castings, sólo así se garantiza que uno saldrá favorecido con el papel.
¿Y por qué verde?
Nadie lo sabe, aunque hay varias teorías:

*Debido a que las obras originalmente tuvieron lugar al aire libre en la plaza del pueblo.
*La habitación estaba pintada de verde, ya que ejercía un efecto calmante para los ojos de los actores después de estar expuestos a la luz del escenario
*Allí era donde los arbustos y las plantas utilizados en el escenario se almacenaban, convirtiéndolo en un lugar cómodo y fresco.
* La habitación estaba cubierta con una alfombra verde como aislamiento acústico para que los actores pudieran practicar sus líneas.
*Otra teoría señala que los actores eran a menudo nerviosos y con náuseas y tenían una tez de color verde
*En los teatros griegos había una zona detrás de la skene donde los actores podían descansar a la sombra de árboles o viñedos después de actuar en la luz del sol brillante.
*Y la última, es la que hace referencia al maquillaje de los actores durante el Siglo De Oro del teatro, específicamente durante la época de Shakespeare, el mismo que demoraba en secar antes de salir a escena, por lo que si salían con el maquillaje aun “verde” cabía la posibilidad de que se formaran grietas y arrugas inconvenientes, por lo que la sala verde, ofrecía un lugar tranquilo y descansado para que los actores esperaran mientras se “curaba” el maquillaje que a poco de aplicarse, estaba aun verde.
Como se ve, uno puede escoger la que más le agrade, pero en general la única respuesta es: No se sabe.
Contra tanto peligro de infortunio, existen numerosas soluciones: espolvorear azúcar por camerinos y rincones del escenario; colocar hojas de ruda en la taquilla y ramitas de perejil en camerinos, junto a una imagen de San Pancracio (San Expedito); entrar al teatro, cada día, sobre todo la noche del estreno, pisando con el pie derecho y otras que ya no recuerdo.
La mayoría finge no creer en las supersticiones populares. Algunas de ellas no tienen fundamento pero, las del teatro, esas son todas ciertas porque el teatro es un mundo de ficción donde todo es verdadero.